miércoles, 13 de marzo de 2013

La cocina de mi abuela


 
La cocina de mi abuela

Hola, hoy es 13 de marzo y en ‘ná’ primavera. Hoy se me ha ocurrido hacer lo que, de chiquitín, veía hacer a mi abuela María.

Cuando visitaba a mi abuela  una de las cosas que recuerdo con mayor intensidad eran sus comidas. Este recuerdo, me consta, les ocurre a todos los nietos.

Las comidas las confeccionaba con productos  de su propio huerto  y cocinaba con lo que se producía en cada época del año, así que, en muchos platos, los componentes eran los mismos  con mil sabores diferentes. Podían ser alubias con arroz, con peras verdes, con alcachofas, a la vinagreta y un largo etc.,

Entre ellos existía un plato que aun hoy, a pesar de los años transcurridos, se mantiene de forma nítida en mi memoria. Tengo una imagen de aquella época en la que mi abuela, a primera hora de la mañana, ponía un puñado de paja de trigo, compactada, en el suelo de la chimenea, le prendía  fuego, y junto a ella, humeante y sin llama, ponía un puchero de barro con alubias secas que había mantenido a remojo la noche anterior y allí lo mantenía, con vigilancia permanente, hasta la hora de la comida. Recuerdo, que diría, huelo, en este momento, el ‘requemao’ que preparaba para incorporarlo al guiso a base de cebolla, ajo, tomate y pimentón. Al final le añadía unos granos de arroz.

Este plato que, como digo, lo recuerdo como algo exquisito, he tratado de confeccionarlo con las nuevas herramientas de cocina, me refiero a la olla a presión, y no he conseguido, ni por asomo, que se parezca.

Hoy, recordando las comidas de mi abuela, he preparado unas alubias de la siguiente manera.  Anoche las puse en remojo, y esta mañana,  a las 9 h., las he puesto en una cacerola  a cocer, junto con unos cortes de patatas, cuatro dientes de ajo sin pelar, una cebolla cortada en juliana, cuatro hojas de laurel, sal y chorro de aceite.  No he querido emplear un puchero de barro por miedo a que se rompiera en contacto con la placa eléctrica.

He ajustado la temperatura de la placa eléctrica  al mínimo, punto uno, mínimo consumo,  y he mantenido la olla 6 horas cocinando pero sin hervir. El resultado ha sido que todo lo que ingresé en la olla se ha mantenido en forma, y lugar, que ocupaba  al comienzo de la cocción, las alubias se han mantenido enteras, no se han roto, a pesar de su terneza y antes de comerlas les he añadido un chorro de vinagre. Estaban riquísimas.

Después de tantos años, he conseguido descifrar el secreto de la cocina de mi abuela, fuego mínimo, cariño y  tiempo.

Como esta forma de cocinar no encierra ningún riesgo, pueden poner la olla, con todos los componentes que Vds. decidan, a fuego mínimo  e irse al trabajo, o al cine. Como no hierve,  no hay evaporación de líquido, es imposible que se queme por más horas que se mantenga en el fuego. Cuando regresen a  su domicilio la comida estará riquísima y a punto.

Me ha parecido genial el descubrimiento y a partir de hoy voy a comer, todos los días, platos ‘de cuchara’ confeccionados de la forma  que las  hacia mi abuela. La medicina está ‘mirando’ y recomendando que comamos los  productos que comían nuestros abuelos. Es fácil  dejar de comer productos elaborados, con  conservantes, antioxidantes y ‘no sé qué mas ingredientes’, aunque la actividad en sus fogones sea incompatible con sus ocupaciones.

Les recomiendo que hagan sus preparados con productos de temporada producidos en el lugar donde vivan. Así nació la vida, con todo lo necesario para que fuera posible, siguiendo las Estaciones de la tierra. Cada Estación nos proporciona alimentos diferentes, variados, y necesarios para nuestro organismo pero en  esa misma Estación, en la que se producen.

Cuando despertó la vida, aquí, en Murcia, la Naturaleza, imagino, pensó… a estos chicos les voy ‘acondicionar’ esta zona para que puedan producir, cada  Estación de verano, tomates, pimientos de bola, morrones, etc., y que los distribuyan por otras ciudades. Después apareció el invento del pimentón y, después, el sucedáneo. Procedió la Naturaleza, según entiendo, para que tuviéramos una vida sana, a ofrecernos productos de temporada para que  nuestra alimentación  fuera variada y en el momento justo.

Todo este equilibrio, que la Naturaleza cuidó con tanto mimo, ha sido destruido para siempre. Antes los pimientos y los tomates sólo se podían comer en verano, que fue cuando la Naturaleza había decidido como mejor momento para comerlos. Ahora podemos comerlos en ‘todotiempo’. Contemplando estas ‘pifias humanas’ he llegado a pensar si ni sería mejor ‘comenzar de nuevo’.

A todos nos gusta ver, ahora en invierno, en nuestra  visita al supermercado, cerezas de Chile, de color rojo intenso y que, además, son riquísimas o manzanas de Neuquén, Argentina, que son increíbles.  Pero no se deje engañar, allí es verano, y se han desarrollado allí, ahora, para la gente de allí. Aquí, en Murcia, por su temperatura, se ha establecido un ciclo de productos de forma permanente y  lo mejor, ahora en invierno, tratando de fruta, es comer naranjas y limones. No hace falta que explique las razones pero le digo, una naranja, o un limón, son farmacias encapsuladas. En su interior contienen, además de vitaminas y otros componentes esenciales para nuestra salud, todas las vacunas que han tenido que desarrollar para defenderse de los mil y un peligros que han tenido que soportar, llámele, frio, calor, sol y mil plagas más.  Son las mismas que las que hemos tenido que soportar nosotros. Cuando comemos productos de temporada, nuestro organismo, nosotros, nos protegemos de mil maneras diferentes incluidas las vacunas que los productos han tenido que fabricar.

Renuncie, cuanto pueda, a productos de invernadero, son productos salidos de una U.V.I., y no tienen de natural ni el color. Si lo puede conseguir, y permitir, consuma productos  ecológicos producidos un su zona.

Y así, con este trajín, hasta otro día.