Hola, hoy es 13 de marzo y en
‘ná’ primavera. Hoy se me ha ocurrido hacer lo que, de chiquitín, veía hacer a
mi abuela María.
Cuando visitaba a mi abuela una de las cosas que recuerdo con mayor
intensidad eran sus comidas. Este recuerdo, me consta, les ocurre a todos los
nietos.
Las comidas las confeccionaba con
productos de su propio huerto y cocinaba con lo que se producía en cada
época del año, así que, en muchos platos, los componentes eran los mismos con mil sabores diferentes. Podían ser alubias
con arroz, con peras verdes, con alcachofas, a la vinagreta y un largo etc.,
Entre ellos existía un plato que
aun hoy, a pesar de los años transcurridos, se mantiene de forma nítida en mi
memoria. Tengo una imagen de aquella época en la que mi abuela, a primera hora
de la mañana, ponía un puñado de paja de trigo, compactada, en el suelo de la
chimenea, le prendía fuego, y junto a
ella, humeante y sin llama, ponía un puchero de barro con alubias secas que
había mantenido a remojo la noche anterior y allí lo mantenía, con vigilancia
permanente, hasta la hora de la comida. Recuerdo, que diría, huelo, en este
momento, el ‘requemao’ que preparaba para incorporarlo al guiso a base de
cebolla, ajo, tomate y pimentón. Al final le añadía unos granos de arroz.
Este plato que, como digo, lo
recuerdo como algo exquisito, he tratado de confeccionarlo con las nuevas
herramientas de cocina, me refiero a la olla a presión, y no he conseguido, ni
por asomo, que se parezca.
Hoy, recordando las comidas de mi
abuela, he preparado unas alubias de la siguiente manera. Anoche las puse en remojo, y esta mañana, a las 9 h., las he puesto en una cacerola a cocer, junto con unos cortes de patatas,
cuatro dientes de ajo sin pelar, una cebolla cortada en juliana, cuatro hojas
de laurel, sal y chorro de aceite. No he
querido emplear un puchero de barro por miedo a que se rompiera en contacto con
la placa eléctrica.
He ajustado la temperatura de la placa
eléctrica al mínimo, punto uno, mínimo
consumo, y he mantenido la olla 6 horas cocinando
pero sin hervir. El resultado ha sido que todo lo que ingresé en la olla se ha
mantenido en forma, y lugar, que ocupaba
al comienzo de la cocción, las alubias se han mantenido enteras, no se
han roto, a pesar de su terneza y antes de comerlas les he añadido un chorro de
vinagre. Estaban riquísimas.
Después de tantos años, he
conseguido descifrar el secreto de la cocina de mi abuela, fuego mínimo,
cariño y tiempo.
Como esta forma de cocinar no
encierra ningún riesgo, pueden poner la olla, con todos los componentes que
Vds. decidan, a fuego mínimo e irse al
trabajo, o al cine. Como no hierve, no
hay evaporación de líquido, es imposible que se queme por más horas que se
mantenga en el fuego. Cuando regresen a
su domicilio la comida estará riquísima y a punto.
Me ha parecido genial el
descubrimiento y a partir de hoy voy a comer, todos los días, platos ‘de
cuchara’ confeccionados de la forma que
las hacia mi abuela. La medicina está
‘mirando’ y recomendando que comamos los
productos que comían nuestros abuelos. Es fácil dejar de comer productos elaborados, con conservantes, antioxidantes y ‘no sé qué mas
ingredientes’, aunque la actividad en sus fogones sea incompatible con sus
ocupaciones.
Les recomiendo que hagan sus
preparados con productos de temporada producidos en el lugar donde vivan. Así
nació la vida, con todo lo necesario para que fuera posible, siguiendo las Estaciones
de la tierra. Cada Estación nos proporciona alimentos diferentes, variados, y
necesarios para nuestro organismo pero en esa misma Estación, en la que se producen.
Cuando despertó la vida, aquí, en
Murcia, la Naturaleza, imagino, pensó… a estos chicos les voy ‘acondicionar’
esta zona para que puedan producir, cada
Estación de verano, tomates, pimientos de bola, morrones, etc., y que
los distribuyan por otras ciudades. Después apareció el invento del pimentón y,
después, el sucedáneo. Procedió la Naturaleza, según entiendo, para que
tuviéramos una vida sana, a ofrecernos productos de temporada para que nuestra alimentación fuera variada y en el momento justo.
Todo este equilibrio, que la
Naturaleza cuidó con tanto mimo, ha sido destruido para siempre. Antes los
pimientos y los tomates sólo se podían comer en verano, que fue cuando la
Naturaleza había decidido como mejor momento para comerlos. Ahora podemos
comerlos en ‘todotiempo’. Contemplando estas ‘pifias humanas’ he llegado a
pensar si ni sería mejor ‘comenzar de nuevo’.
A todos nos gusta ver, ahora en
invierno, en nuestra visita al supermercado,
cerezas de Chile, de color rojo intenso y que, además, son riquísimas o
manzanas de Neuquén, Argentina, que son increíbles. Pero no se deje engañar, allí es verano, y se
han desarrollado allí, ahora, para la gente de allí. Aquí, en Murcia, por su
temperatura, se ha establecido un ciclo de productos de forma permanente y lo mejor, ahora en invierno, tratando de fruta,
es comer naranjas y limones. No hace falta que explique las razones pero le
digo, una naranja, o un limón, son farmacias encapsuladas. En su interior
contienen, además de vitaminas y otros componentes esenciales para nuestra
salud, todas las vacunas que han tenido que desarrollar para defenderse de los
mil y un peligros que han tenido que soportar, llámele, frio, calor, sol y mil
plagas más. Son las mismas que las que
hemos tenido que soportar nosotros. Cuando comemos productos de temporada,
nuestro organismo, nosotros, nos protegemos de mil maneras diferentes incluidas
las vacunas que los productos han tenido que fabricar.
Renuncie, cuanto pueda, a
productos de invernadero, son productos salidos de una U.V.I., y no tienen de
natural ni el color. Si lo puede conseguir, y permitir, consuma productos ecológicos producidos un su zona.
Y así, con este trajín, hasta
otro día.
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