Cocina para solitarios.
Como todo en esta vida, todos los estados personales tienen cosas buenas y otras menos buenas, regulares o malas.
Una de las buenas es que, los solitarios, tenemos la presión arterial muy estable, no hay nada que nos la haga modificar. Me refiero a que carecemos de ‘ajenas e inquisitorias’ entradas de impulsos emocionales.
Una de las malas es que, todo te lo tienes que hacer tu, incluso todo y la comida. Y dentro de lo malo, con relación a la comida, es que, por rara que pueda parecer, te sabe buenísima. A veces, lo digo en confianza, hago comida que, qué quieres que te diga, no es comestible y como no tengo a quien culpar, la como. No me voy a culpar a mí mismo. El día que lo haga será motivo suficiente para abandonar la soledad. Cuando pienso en esta remota posibilidad siempre me hago la misma pregunta….pero cómo?.
A veces refunfuño quejándome de todas estas contradicciones y al final siempre rectifico porque comprendo que en términos contables es perfecto. No debo ni me deben nada, no doy ni recibo nada, y por tanto estoy en paz, sin saber, eso sí, con quien. Es una forma de darme ánimo, que también es importante, para tener la moral en 'to lo alto'.
Otras veces, cuando me encuentro tristón, ante la falta de pareja, que son muchas, y no sé en que ‘pegar’ me digo, ‘to decidido’…voy a ver en el periódico, la sección de ‘chica busca chico’ y, hoy mismo, a más tardar, me agencio una amistad ‘pa lo que surja’.
Me sobra más de la mitad de la cama. Es tan grande que no tengo que revolverme para darme la vuelta, simplemente, me giro. Este giro es, al tiempo, podéis imaginar, el giro más cómodo, agradable y triste que pueda existir.
Qué llevo años sin tropezar, por favor!!.
Y así, con este trajín, hasta otro día

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