Quiero comentar algunas de mis creencias que para eso vivo
con ellas, para poderlas contar. Hasta hace poco, la cocina me parecía un lugar
no muy agradable, ahora, que la 'opero' todos los días, o casi, me parce
un lugar ideal para disfrutar con la confección de los platos que ese día me apetecen. Empiezas a pensar y preparar los
componentes de la preparación y empiezas
a disfrutar recordando sabores conocidos y no, por conocidos, aburridos. Ahora me divierte y ocupo un tiempo en algo
creativo.
Por la sencillez de los platos que preparo es fácil entender
que soy un operador ‘pipiolo’. Y lo
bueno que tengo, si es que es bueno, es que
lo digo, y eso, a pesar de entender que a lo mejor, o más probable, es que a
nadie le interese. De todas formas, estoy feliz, nunca creí que llegaría a ser
un ‘operador amateur de cocina privada’ y
que iba a disponer de un medio, un blog, para poder contarlo.
Pero un día mi cocina se quedó sin operador/a y cuando tanto miedo le tenía, por necesidad,
curiosidad y haciendo un alarde de ‘valentía’
e interés, me dediqué a ver programas de TV de esta especialidad que, por cierto, hay cualquier
cantidad. Lo más destacado, se me quitó el miedo a encender los fogones y poner una satén encima. Y también, que todas las preparaciones, o
casi, se comienzan con sartén, aceite, ajos fileteados y cebolla cortada..
Sí, me llamaron la atención infinidad de cosas que, con permiso,
y desde mi punto de vista, les quiero contar.
La cocina, o
escenario que nos enseñan, es un sueño, se parece más a un teatro preparado, por su diseño e iluminación, para
entrega de los Oscar. Nadie normalito, que somos los únicos, creo, que
dedicamos tiempo a ver estos programas
con posibilidad de operar una cocina familiar, puede tener una así. A mí me
hizo creer, al principio, que con una cocina así cualquiera puede preparar
suculentos platos. Algún día, si tengo ocasión, voy a consultar a D.
Abrahám García, cultísimo y espectacular
cocinero, si el marco donde se cocina influye en el sabor de lo cocinado. Es
mucho más convincente que nos muestren una cocina normalita, muy limpia, como
la nuestra, con un buen cocinero para dejar claro que la cocina no tiene nada
que ver con la calidad, el sabor y la presentación de lo cocinado y no, como me
ocurre, que cuando una preparación no cumple con las expectativas imaginadas, siempre me digo, ‘no si para la
cocina que tengo, demasiado bueno ha salido’. Tendría más adeptos.
No he visto nunca, en ningún programa, que las sartenes y
las ollas o cacerolas, en plena faena, echen humo. En mi cocina, y creo que en
la de todos, todo lo que tengo en el fuego echa, y se ve, y gracias a la
tecnología me libro de él.
Tampoco he visto a nadie ‘llorar’ mientras pela, o corta,
una cebolla. Yo también las coloco bajo
del grifo, con chorro de agua incluido, y
‘lloro’.
Los utensilios que aparecen en la cocina que vemos en TV, me sonrojan
al compararlos con los de la mía que considero normal. Es que tienen un utensilio para cada
cosa y lo mejor, y que más me joroba, es que no he visto a ningún cocinero
fregar los cacharritos que ensucia. Entiendo que si nos quieren enseñar su
cocina, o a cocinar, tendrían que enseñar, también, a utilizar algunos utensilios en funciones de multitarea. Porque en una cocina familiar, normal, no hay
sitio, ni lugar, para tanto ‘chirimbolo’.
Sí, cuando veo cortar un pequeño diente de ajo, o un
ramillete de perejil, en infinito número de trozos con un enorme cuchillo, y a
velocidad endiablada, me siento un
bichito. He tratado, mediante práctica diaria, a manejar el cuchillo y a lo más
que he llegado ha sido a filetear el diente de ajo de forma regular pero muy
lentamente. Me origina tanta envidia, sana, eso sí, que asistí durante varias
sesiones a un curso de cocina con la única misión de aprender a manejar el
cuchillo con soltura, pero, aun así, no lo he conseguido. Sí, he aprendido que
para hacer lo que tanto envidio es necesario un cuchillo muy afilado y de
grandes dimensiones. Él además de cortar te sirve de apoyo y guía para que no te cortes. Siempre se
aprende algo.
Lo que tratan de enseñar,
a través de estos programas, es ‘mira que cocina tengo’.
Cuando me cansé de estos programas que, por cierto, siempre
dicen lo mismo y utilizan las mismas cosas, apague el televisor y encendí las hornillas y…… aquí estoy
A lo que iba.Hoy vamos a preparar un plato que, los habrá buenos, que los hay, pero este no hay quien lo supere.
Mientras pelamos y
fileteamos las patatas ponemos una
sartén con una generosa cantidad de aceite oliva virgen extra a fuego suave.
Las patatas hay que freírlas con mucho aceite, que después quitaremos, y poco,
muy poco fuego.
La salsa del ajo cabañil se realiza con cuatro dientes de
ajo machacados en un mortero al que se le añade un chorro de vinagre.
Para pelar y manipular los ajos con facilidad hay que
realizar lo siguiente. Los ajos, con su piel, se sitúan encima de la tabla de
trabajo de la cocina, se les coloca un cuchillo encima y, con la mano, se
golpea éste. Con ello conseguimos facilitar el siempre engorroso problema de
pelar los ajos. La piel se desprende con facilidad y además, y esto sí es importante,
cuando intentas machacarlos, en el mortero,
nunca resbalan.
1º.- Freír las patatas como se ha indicado y antes de poner
la salsa de ajo cabañil retirar el aceite sobrante.
2º.- Echar la salsa de ajo cabañil a la sartén encima de las
patatas y añadir unas gotas de agua.
Seguir revolviendo hasta que las patatas hayan perdido casi toda la humedad. Apartar
y… al plato.
3º.- En otra sartén con aceite muy caliente freír los huevos
hasta que el borde del huevo este crocante sin que llegue a ‘cuajar’ la yema.
Poner dos huevos fritos, por persona, encima de cada plato de patatas.
Para que los huevos queden en su punto hay que sacarlos del
frigorífico con tiempo para que, a la hora de ponerlos en la sartén, se
encuentren a temperatura ambiente. Si no
lo hacemos así el aceite se enfría.
Si antes de poner los
huevos en la sartén calientas la rasera en el aceite, el huevo no se pegará a
ella.Para acompañar.
Ensalada de tomate natural, con aceitunas verdes ‘partias’, aceite y sal.
Vino tinto de la tierra, mejor crianza, y algo que nunca
debe faltar, alguien a quien quieras mucho. Te saldrá mucho mejor.
Y así, con este trajín, hasta otro día.

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