Migas ruleras.
Hola, como ayer os coloqué un escrito sobre la lluvia y las migas, hoy quiero contaros cosas de mi niñez que nunca olvidaré.
Un día de 1946 me dice mi madre, ‘esta noche tenemos que ir al molino de Remigio’. Aun recuerdo, después de tantos años, la imagen de mi madre y la foto del momento. Es increíble cómo quedan guardadas, en nuestra mente, algunas cosas.
Mi madre, ya viuda, y con ocho hijos, no sé, o no recuerdo, de donde sacó un talego, saquito, de granos de maíz. Supongo, en la distancia del tiempo, que cambió otra cosa por el maíz. Pudieron ser habichuelas, huevos, naranjas o, yo qué sé.
En esta época, con mucha hambre, todo estaba prohibido. La guardia civil, benemérito cuerpo, lo controlaba todo. Vivíamos del trueque y el estraperlo. No se podía circular por la noche. Para ir al molino de Remigio, como comentaba, mi madre se apoyó en un niño. Visto ahora, en la distancia del tiempo, supongo que esto, en caso de ser descubierta, disminuiría el castigo .
Fuimos al molino de Remigio, yo cargado con el saquito de maíz, a través de huertos, senderos, caminos de huerta, más oscuro que la boca de un lobo, y con unos rodeos en los que, si el molino que distaba a tres Km. por la carretera, nosotros, por los caminos que circulamos andaríamos cinco Km. y todo con un frio que, en este momento, al recordarlo, me erizo. Todavía recuerdo el olor a molino, al entrar, y la textura de la harina del maíz triturado saliendo de la tolva.
Conseguimos volver a casa, de madrugada, con un frio de justicia y por los mismos o parecidos caminos de la ida. Y lo que no olvidaré nunca es que, cuando llegamos a casa, mi madre, sin recordar cómo, encendió la chimenea y allí, me hizo unas migas ruleras que jamás olvidaré. Quiero aclarar que las migas de harina de maíz son ‘intragables’, no hay forma de ’ensalivarlas’ para poderlas tragar. A pesar de todo, tenia tanto hambre que, aun hoy, las recuerdo como algo delicioso y que, además, nunca olvidaré. Cuanta hambre, y frio, tendría?
Para el plato de hoy, recordando esta historia, vamos a preparar unas migas ruleras.
Las migas que me preparó mi madre se hicieron de la siguiente forma. Sartén en el fuego, en este caso de leña y, eso sí, con un poco de aceite de oliva. En un recipiente apropiado, con agua y un poco de sal, fue añadiendo harina y removiendo con una cuchara grande de madera, hasta conseguir una pasta densa que puso en la satén con el aceite caliente. Siguió removiendo hasta conseguir que esta pasta se transformara, mediante calor y mucha energía puesta en la rasera de remover, en migas, cocidas, y ricas.
En la actualidad, que se comen cuando se comen, por placer y nada de hambre, se realizan de diferentes formas y con diferentes componentes. Ahora somos exquisitos.
Una forma, muy utilizada ahora, es igual a la preparación que hacia mi madre, solo cambia la harina, que ahora es de trigo, y otros componentes que en aquel tiempo ni se me hubiera ocurrido pensar. Ahora se fríen en el aceite, ajos, trozos de longaniza, salchichas, tocino magroso, morcillas, etc., se reservan y en este aceite, con este sabor, se pone la masa de harina y, como ya he dicho, se hacen la migas. Antes de terminar de cocinarlas se les agrega la fritura, se le dan una vueltas y a comer.
Pero hay otras migas, las autenticas, que son las que quiero proponer hoy.
Las migas, las que propongo, son de pan. Nacieron por la necesidad de utilizar, y reutilizar, el pan que teníamos para comer cuando se endurecía. No se podía tirar nada. Así que, las amas de casa, pensaron, y con acierto, que las sobras de pan, por duro que estuviera, había que utilizarlo. Pensaron, que si el pan se hacía con harina y las migas también, por qué no hacer migas con el pan que quedaba duro.
Prepárese para hacer unas migas sencillas, fáciles y riquísimas. Es un plato, muy fuerte, para cuando llueve, nieva y hace mucho frio.
El pan duro se miga en un recipiente apropiado y se humedece con agua. En la sartén, en el aceite caliente se pueden poner….trozos de longaniza, salchicha, tocino con magra, ajos, etc., y cuando están fritos se reservan. En el aceite, caliente y con el sabor de la fritura, se añade el pan humedecido. Se siguen dando vueltas hasta que el pan queda suelto. Se termina con el agregado de la fritura. Se dan unas vuelta y a comer.
Pero si quiere hacer unas migas sencillas, y de impresión, sólo ponga ajos en el aceite. A los ajos hay que quitarles la primera piel. Las restantes dejelas con ajo pártalos por la mitad e ingréselos en el aceite, fríalos y añada el pan humedecido. Siga dando vueltas hasta que el pan, ya sin agua, quede suelto.
Puede acompañarlo, dependiendo de la fecha, con granada, higos frescos, uva, aceituna y un sinfín de productos.
No olvide ‘regar’ las migas con un buen vino, siempre de la tierra y la mejor compañía. Este es un plato que no se piensa en él en solitario. Hay que comerlo en compañia.
Y así, con este trajín, hasta otro día
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